Tras verse afectada por el COVID 19, la actividad económica ha regresado poco a poco a la normalidad, lo que plantea una nueva serie de desafíos para la distribución de última milla y el transporte de carga. En un informe publicado sobre “El futuro del ecosistema de la última milla” a principios del 2020, el Foro Económico Mundial dice que la demanda de entregas de última milla crecería 78% a nivel mundial para 2030. Sin embargo, esos datos podrían cambiar.

Las medidas de confinamiento establecidas por las autoridades sanitarias en México y el mundo, han provocado un aumento inesperado en las ventas electrónicas en determinadas categorías de productos, por lo que la etapa de logística se ha saturado. Las empresas y nuevos emprendedores se han visto en la necesidad de modernizar y eficientar sus procesos de entregas. Muchos de los almacenes de las empresas se encuentran ubicados a las afueras de las ciudades, hoy en día se busca que estos almacenes estén dentro de ellas para reducir los tiempos de entrega.

Otro tema importante para tratar es el impacto ambiental. La Agencia Internacional de la Energía menciona que el transporte de mercancías es el responsable del 10% de las emisiones globales de CO2, y este se genera mayormente durante los procesos de transporte y almacenaje. Es por lo que el uso de vehículos eléctricos ha tomado mayor fuerza.

El COVID 19 ha transformado a los consumidores, ya que cada día buscan servicios más personalizados, y para eso se debe hacer uso de las tecnologías, las empresas y emprendedores deberán incluirla dentro de sus procesos logísticos y equipo de transporte para asegurarse que los pedidos sean procesados y entregados de manera puntual en su destino final y satisfacer las necesidades de sus clientes.